Siete aplicaciones del magnesio para el cerebro

Debido a la vaguedad de sus síntomas, como la fatiga y los calambres musculares, las deficiencias de magnesio a menudo pasan desapercibidas. El investigador Jeroen de Baaij demuestra que en algunos pacientes esto puede originar limitaciones psíquicas. Por tanto, es esencial intervenir a tiempo.

Jeroen de Baaij es un investigador al que hay que seguir la pista. En estos momentos está trabajando en el departamento de Fisiología del Centro Médico Universitario Radboud. Basándonos en su extenso artículo de revisión Magnesium in man: implications for health and disease, a continuación ofrecemos siete aplicaciones del magnesio en el campo del metabolismo cerebral. Pero para comprender lo que Baaij ha descubierto, antes tenemos que saber qué es el receptor NMDA.

¿Qué es el receptor NMDA?
Los receptores NMDA son receptores que están en el cerebro y que son esenciales, entre otros, para la transmisión nerviosa y la neuroplasticidad, por lo que tienen una gran importancia en el desarrollo cerebral, la capacidad de aprendizaje y la memoria. El magnesio desempeña un papel destacado en la sensibilidad de este receptor NMDA. Si hay carencia de este mineral, deja de funcionar bien. Por consiguiente, unos niveles séricos de magnesio bajos están relacionados con toda una serie de afecciones neurológicas, como la migraña, la depresión y la epilepsia.

1. Migraña
La migraña ha sido asociada con bajos niveles de magnesio en el líquido cefalorraquídeo. Las migrañas son consecuencia de una depresión cortical propagada (DCP). Esta DCP puede desencadenarse por la activación del receptor NMDA. Este es el motivo por el que los pacientes con nervios muy irritables son más propensos a tener ataques de migraña. En las últimas décadas se han llevado a cabo diversos ensayos controlados aleatorizados doble ciego con control placebo que demuestran que la suplementación oral con magnesio puede hacer que disminuya el número de ataques de migraña y la intensidad del dolor.

2. Depresión
Varios investigadores afirman que el magnesio puede aliviar la depresión al bloquear el receptor NMDA, ya que el receptor NMDA cumple un importante papel causal en la patología de la depresión. Hacen falta investigaciones a gran escala para seguir fundamentando el papel del magnesio en la prevención y el tratamiento de la depresión, según Baaij.

3. Epilepsia
En muchos estudios se ha visto que las personas con epilepsia tienen menores niveles de magnesio en sangre. La relación entre el nivel de magnesio y el desarrollo de ataques puede explicarse desde el papel del magnesio en el bloqueo del receptor NMDA. Por desgracia, faltan ensayos controlados aleatorizados a gran escala, lo cual impide de momento la implantación general del magnesio como antiepiléptico.

4. Derrames cerebrales
Los derrames e infartos cerebrales son importantes causas de muerte en el mundo occidental. También en este caso se ha encontrado un vínculo con el bajo nivel de magnesio, que puede explicarse de varias formas. Un bajo nivel de magnesio aumenta la actividad del receptor NMDA, causando una menor entrada de calcio y glutamato en la célula. Esto puede explicar el daño nervioso que se produce en los accidentes cerebrovasculares.

5. Daño cerebral traumático
En los pacientes con daño cerebral y espinal de origen traumático se suelen hallar deficiencias de magnesio. Los bajos niveles del elemento en el líquido cefalorraquídeo provocan un aumento del estrés oxidativo y de la peroxidación de ácidos grasos, los cuales contribuyen a la gravedad del daño. En un pequeño estudio con 30 pacientes con daño cerebral de origen traumático se vio que la suplementación con magnesio daba mejores resultados en la escala pronóstica de Glasgow (GOS, Glasgow Outcome Scale). Esta escala ofrece una medida objetiva de la recuperación tras un trauma cerebral.

6. Párkinson
Las personas que padecen párkinson tienen bajas concentraciones de magnesio en el córtex, la sustancia blanca, los ganglios basales y el tallo encefálico. Se ha demostrado en animales que una ingesta crónicamente baja de magnesio produce una pérdida significativa de neuronas dopaminérgicas. También el párkinson se caracteriza por la pérdida de estas neuronas. Este y otros estudios podrían indicar que la suplementación con magnesio es beneficiosa para los pacientes de párkinson.

7. Otras aplicaciones
Los bajos niveles séricos de magnesio han sido puestos en relación con un gran abanico de afecciones neurológicas, como la esquizofrenia, el trastorno bipolar, la neurosis, las tendencias adictivas, el estrés y la enfermedad de Alzheimer. Esto sugiere que las carencias de magnesio tienen un importante papel en la etiología de estos cuadros clínicos. Sin embargo, los estudios son solo epidemiológicos: en este momento no hay ningún ensayo clínico en el que se investigue el efecto del magnesio sobre estas enfermedades.

FUENTE: Natura Foundation

Ejercicio y energía desde la perspectiva evolutiva. (Primera Parte)

 

Desde un punto de vista evolutivo, el ejercicio tiene una influencia indispensable en el suministro de energía. Dentro de la psiconeuroinmunología clínica, la energía y su distribución tienen un papel central en la explicación y el abordaje de enfermedades y dolencias. En este artículo PNI profundizamos en el tema.

 


Aspectos evolutivos del ejercicio

El ejercicio físico forma parte de la vida humana ya desde el principio de la evolución. Los primeros homínidos como el austrolapiteco recorrían distancias relativamente cortas, mientras que el posterior Homo erectus andaba principalmente grandes distancias. Las personas de esta especie cazaban caza mayor, como elefantes, alces y uros. Hombres y mujeres, que cazaban en batida, eran capaces de caminar durante horas y correr hasta que el animal perseguido quedaba tan extenuado que caía casi espontáneamente. Para ello, los cazadores tenían que superar una serie de desafíos metabólicos. Sus características principales eran, por ejemplo, una buena termorregulación, teleoanticipación, desintoxicación eficaz de los productos de desecho metabólicos, distribución eficiente de las fuentes de energía, mantenimiento de la sangre, tejidos y niveles minerales del cuerpo y una forma de tomar decisiones que se adaptaba a su estilo de vida.

Estos desafíos exigían mucho del ser humano de entonces, pero al mismo tiempo proporcionaban éxito en la supervivencia, determinando con ello su evolución. El ser humano actual debe agradecerles su forma de desplazarse bipedestada, una piel sin pelo, glándulas sudoríparas (¡cuatro millones!) y una neuroanatomía dopaminérgica. También se volvió más corto el intestino, menor la masa muscular, más pequeño el dedo gordo del pie y mayor el almacenamiento de grasa en el tejido adiposo. Todas estas adaptaciones hicieron posible que los órganos internos y el aparato locomotor utilizasen menos energía, pudiendo así aumentar de tamaño el cerebro del Homo erectus hasta alcanzar el formato cerebral del Homo sapiens actual.


La actividad física como función del entorno vital

El ser humano posee más de seiscientos músculos. Incluso cuando no están activos, son responsables de aproximadamente el 25% de la energía que se consume en reposo. El metabolismo de los músculos reacciona inmediatamente al uso: solo si se estimulan con regularidad pueden seguir haciendo bien su tarea. Cuando no se utilizan los músculos, aunque sea por poco tiempo, la consecuencia es una pérdida funcional y, en casos extremos, incluso su atrofia.

El cuerpo humano no evolucionó en el entorno seguro y poco estimulante de los gimnasios o los campos de fútbol. Al igual que ocurre con otros mamíferos, el cuerpo humano evolucionó en la lucha por la supervivencia. En todos los estadios de la evolución, el ser humano ha tenido que moverse para conseguir comida cazando, recolectando o buscando agua. En caso de que el alimento o el agua no fuesen fáciles de obtener en el entorno, la gente tenía que recorrer distancias enormes para poder satisfacer estas necesidades. En las actuales poblaciones de pescadores/cazadores-recolectores estas condiciones siguen siendo las mismas.  Las observaciones que se han hecho de estos pescadores/cazadores-recolectores modernos permiten estimar la cantidad de ejercicio físico diario que hacía el ser humano antiguamente. Sobre la base de esos estudios se ha establecido que el cazador-recolector medio se movía una media de 30-40 km o entre cinco y seis horas al día.  No obstante, no lo hacía si no era absolutamente necesario, solo cuando faltaban fuentes de energía. Este dato da pie a la legítima hipótesis de que la cantidad media de ejercicio tiene que ser dividida en días en que se hace muchísimo y días con apenas nada. Pero cuando los seres humanos se ponían en movimiento, eran capaces de persistir durante muchísimo tiempo.

En la actualidad existen todavía poblaciones de pescadores/cazadores-recolectores que caminan por terrenos muy difíciles y hacen más de 80-100 km al día.  La cantidad media de ejercicio físico del ser humano occidental actual está muy por debajo. En el último par de milenios, ha disminuido radicalmente. A la hora de buscar un entorno vital adecuado para el ser humano hay que echar mano de las «condiciones de existencia» de nuestros ancestros. ,  ,   Ellos vivieron por mucho tiempo en un periodo en el que tenían que estar en alerta permanente ante toda clase de amenazas. Depredadores, hambre y enfermedad eran una realidad diaria a la que el ser humano se enfrentaba 24 horas al día. Sin embargo, ese entorno estresante no producía nunca epidemias de enfermedades occidentales como la depresión, la obesidad y otras de las llamadas enfermedades de la abundancia. Una importante razón para esto se halla precisamente en la actividad física que es inevitable en la lucha por la supervivencia. Esta actividad física se da en las poblaciones modernas de pescadores/cazadores-recolectores. En consecuencia, su condición física es muchísimo mejor que la del ser humano occidental actual. La cantidad de ejercicio físico de los pescadores/cazadores-recolectores modernos está aproximadamente al mismo nivel que en el Paleolítico. En comparación con los pescadores/cazadores-recolectores, la cantidad diaria de ejercicio físico en los países occidentales es aproximadamente un tercio del consumo de energía.

 

 

Grasa abdominal: cómo gestionarla (primera parte)

 

 

 

Por una variedad de factores es posible acumular grasa subcutánea debajo de la piel y también grasa abdominal visceral.

 

La grasa visceral es mucho más nociva que la subcutánea ya que tiende a aumentar cuando nuestro organismo empieza a tener problemas para metabolizar la entrada masiva de nutrientes, principalmente carbohidratos, acumulándose alrededor de órganos vitales como son el hígado, corazón, páncreas, intestino, estomago que suponen el paso previo a tener un hígado graso, un corazón graso o un páncreas graso. El problema es que este tipo de grasa es mucho más capaz que la grasa subcutánea de producir sustancias proinflamatorias, generando un estado que nos predispone a diversas patologías como la obesidad, el síndrome metabólico, la diabetes mellitus, arterioesclerosis, hipertensión o los trastornos inmunitarios.

 

¿Por qué se acumula la grasa abdominal?

 

  1. Genética y epigenética: la grasa corporal varía genéticamente en distintas partes del cuerpo, también lo hace en función del sexo de la persona: los hombres no acumulan la grasa exactamente en el mismo lugar que las mujeres La genética desempeña un papel importante en la relación con el nivel de saciedad de cada individuo. La epigenética, que, en resumen, es la mayor o menor predisposición a la expresión de determinados genes debido a las condiciones ambientales (hábitos de vida, contaminantes ambientales, factores sociales que afectan a nuestro nivel de estrés, etc) son absolutamente determinantes en todo esto. La genética carga el arma y la epigenética la dispara. Las personas que por genética/epigenética tienden a comer más, también tienden a acumular más grasa abdominal. Además, si en la familia varios integrantes acumulan grasa abdominal, es posible que también tengas esta tendencia: los hábitos se copian.
  2. Estrés: Es la respuesta natural del cuerpo que tiene una función importante en nuestro organismo para la supervivencia diaria, pero que mantenida durante mucho tiempo genera problemas en la salud. El ser humano está preparado para el estrés agudo, pero no para una hipoteca durante 30 años. En lo que respecta a la grasa abdominal, el estrés estimula la producción de la hormona cortisol que es una hormona lipogénica de manera que tiende a almacenar la energía en los adipocitos en forma de grasa. Es lógico, el cuerpo te prepara para la batalla que tiene por delante que en este caso es soportar ese estrés que genera tu hipoteca y para la que la genética no está preparada.
  3. No dormir lo suficiente: Dormir es de importancia fundamental para el organismo. Con unas horas apropiadas de sueño el cuerpo puede enfocarse solo en recuperarse de la actividad del día anterior y gastar energía en la regeneración de los órganos y la musculatura. La falta de sueño reduce el nivel de la hormona leptina, que señaliza en el cerebro la sensación de saciedad, y aumenta la hormona grelina que en situaciones normales es la encargada de estimular el hambre porque estimula el apetito. El hecho es que la grelina es también una hormona indispensable para mantenernos despiertos. De ahí que las personas que duermen poco o los trabajadores en turnos de noche suelen tener más apetito. Los estudios indican que las personas que duermen solo 6 horas diarias tienen hasta un 27% mayor riesgo a tener obesidad que aquellas que duermen alrededor de 9.7 horas.
  4. Mala alimentación: Una alimentación basada en productos comestibles (que no por ello saludables) en vez de alimentos reales, como son los carbohidratos refinados y pobres en grasas insaturadas es una de las causas principales no solo de la acumulación de la grasa abdominal sino también de la obesidad en general. Entre los alimentos que pueden causar obesidad encontramos:
  • Los alimentos procesados
  • Las harinas
  • Los azucarados
  • Las frituras
  • Los enlatados
  • Los refrescos

Con una alimentación que esté basada en carbohidratos saludables, como verduras y frutas, y una cantidad adecuada de grasa de la buena, como la que puedes encontrar en el pescado, el aguacate, olivas y huevos, así como proteínas provenientes especialmente de carne de ave y huevos enteros se da un gran paso para evitar acumular grasa abdominal.

  1. Hormonas: El cóctel hormonal que nos lleva a la obesidad es complejo. De ahí que pensar que el ser humano se rige por las leyes de la termodinámica (calorías que entran calorías que salen) en vez de por las leyes de la biología es reduccionista y poco acertado. La actividad tiroidea, la sensibilidad a la insulina, la liberación y sensibilidad tanto a las hormonas orexigénicas como la grelina o anorexigénicas como la leptina, la relación testosterona-estrógenos o el número de hormonas del estrés son algunos de los protagonistas que toman parte en la regulación del peso. En general para que la regulación hormonal sea óptima nos basta con cumplir los apartados anteriores: Come comida real, muévete y duerme las horas que toca y por la noche.
  2. Bebidas alcohólicas: El consumo de bebidas alcohólicas potencia la ganancia de grasa abdominal cuando se combina con los factores mencionados anteriormente.
  3. Sedentarismo: La falta de actividad física hace que nuestro metabolismo sea más lento y, por tanto, el gasto calórico sea menor. El ser humando durante su evolución ha estado en constante movimiento y solo en este último siglo se ha revertido dicha conducta, no tenemos motivos para movernos y por tanto no tendemos a hacerlo. El movimiento es una herramienta indispensable para tener una buena salud hormonal, para dormir mejor y por supuesto para generar músculo y tener un organismo caro de mantener que no se puede permitir acumular tantas reservas. El ejercicio es una de las mejores maneras de mantener el metabolismo activo y quemar grasa. Existe una relación directa entre los entrenamientos de alta intensidad por intervalos y la pérdida de grasa abdominal.

 

Ese compañero indeseable: la celulitis (segunda parte)

¿Qué factores intervienen en la aparición de la celulitis? De forma enunciativa, porque da para varias tesis doctorales, los factores que inician, desarrollan y cronifican la celulitis son:

  • Sedentarismo: no solo la falta de ejercicio como actividad si no la inmovilidad durante muchas horas a lo largo del día en nuestros puestos de trabajo. Nuestro cuerpo, cuando no está dormido, tiene sensores de toda índole que detecta la inmovilidad como una situación extraña y envía al sistema inmune a detectar porqué ocurre esto produciendo inflamación. El ser humano en su origen se desarrolló para moverse y nuestra forma de vida actual es todo lo contrario. Aquí tenemos la primera pauta para mejorar: no pases más de media hora inmóvil, basta con levantarse y moverse un poco durante dos minutos, tu sistema inmune captará el mensaje y volverá a la tranquilidad. Por supuesto haz actividad física, si es posible diaria, en la que ejercites tu musculatura, verdadero regulador metabólico, de forma vigorosa.
  • Nutrición: ¡Aquí viene lo que más nos duele! Lo siento, pero determinados “alimentos” actúan como bombas de relojería en nuestro organismo. Dietas ricas en carbohidratos refinados, lácteos, pobres en fibras y vegetales, poco variada, azúcares que están en prácticamente el 100% de las comidas y bebidas procesadas son gran parte de nuestro problema y también de nuestra solución. En posteriores posts hablaremos de la manera de alimentarse a la que debe tender el ser humano para recuperar su óptimo funcionamiento biológico como consecuencia de su evolución. No podemos olvidar de dónde venimos, nuestro metabolismo, nuestra genética, nuestra biología en general es muy tozuda y recuerda muy bien sus orígenes y en 10.000 años hemos cambiado muy poco genéticamente.
  • Disruptores hormonales: Son sustancias químicas que nos rodean en nuestro día a día: plásticos, gases inhalados, detergentes, cremas de todo tipo, metales pesados (mercurio, plomo, arsénico, cadmio) que están presentes en multitud de sustancias con las que interactuamos y en muchas ocasiones ingerimos. Estos disruptores producen alteraciones en el normal funcionamiento hormonal que producen en nuestro organismo todo tipo de desajustes. ¿Son evitables? Desde luego son reducibles, cuanto más alejados de agentes contaminantes estemos nuestro sistema endocrino más a salvo estará. Este da para varios posts, pero quedaros con la idea de que acciones tan inocuas como es cepillarse los dientes, maquillarse o poner crema para la protección solar no son inocuas para el organismo dependiendo de con qué sustancia lo hagas.
  • Tratamientos médicos: determinadas terapias de largo plazo afectan de manera constante al hígado que es nuestra fábrica interna con más de 600 diferentes funciones siendo una de ellas la desintoxicación del organismo. Si estamos permanentemente tomando con medicamentos aparentemente inocuos como el ibuprofeno, paracetamol, antiinflamatorios, estatinas, antidepresivos es muy difícil que el hígado desintoxique completamente dejando parcelas del organismo peor tratadas ya que no son vitales, como es el efecto que produce en la piel con la celulitis. Por otro lado, en el caso que nos ocupa los tratamientos anticonceptivos son claramente inductores de niveles de progesterona y estrógenos no regulados naturalmente que pueden provocar efectos sobre el organismo similares a los disruptores endocrinos.
  • Trastornos afectivos, estrés crónico, ansiedad, estados depresivos, nerviosismo: Creo que aquí el que más y el que menos puede adscribirse a alguno de ellos. Todos son de activación psicológica y conductual pero que irremediablemente tienen un reflejo en nuestra fisiología. Uno es capaz de sentir físicamente los efectos de una película de terror, imaginad cuando encima no es una película, es tu vida real: un problema en el trabajo, con tu pareja, con tu hipoteca, etc, etc produce una cascada hormonal y neurológica que se traduce en un anormal funcionamiento fisiológico cuando se instaura de manera crónica. La evolución nos ha preparado muy bien para el estrés agudo, un depredador que quiera atacarnos nos hace luchar o huir, pero es de corta duración. La naturaleza no nos ha preparado para una hipoteca que puede tenernos en vilo 30 años. ¿Se puede actuar? Claro que sí, primero siendo conscientes de este hecho que no es poco y luego existen multitud de actividades, acciones y actitudes que modulan, limitan e incluso anulan esos efectos. Desde tener una red de amigos, familiares en donde te sientas cómodo y querido, y esto es algo en nuestra sociedad occidental no es tan frecuente, en España más porque somos de una cultura muy social, pero en otros países de Europa el individualismo triunfa y genera soledad, aislamiento y todos los efectos secundarios que hemos comentado. Por otro lado, el ejercicio físico es un estupendo modulador del estrés, sin que sea necesario llegar a la extenuación, el yoga es un magnífico bálsamo, la meditación, el mindfulness y aunque parezca extraño la nutrición es de gran ayuda. Hay alimentos que te sumen en tu pozo y otros que ayudan a salir de él. Al final tu cuerpo utiliza los nutrientes para generar todo tipo de sustancias útiles para su regulación. Por ejemplo, del aminoácido triptófano, que es esencial y por tanto debe provenir de la dieta, es el precursor de la serotonina que es un neurotransmisor cuya carencia está estrechamente relacionada con estados depresivos, falta de autoestima, ansiedad, miedo, nerviosismo. El triptófano está en ciertos nutrientes, el huevo es uno de ellos. Con la forma de comer actual, poco variada y ultraprocesada con gran cantidad de carbohidratos refinados es fácil tener carencias nutricionales que impiden la normal regulación biológica.
  • Alto nivel de radicales libres: Son estos inevitables para lo cual el organismo se provee de gran cantidad de antioxidantes que es capaz de generar y en otros casos necesita aportarlo con la dieta como es el caso de las vitaminas y determinados minerales. Nuevamente volvemos al punto de la alimentación que no quiero repetir, ya sabéis que es clave. El tabaco es un generador de radicales libres de primer orden, no digo más.

 

Como veis nuestro compañero de viaje ha llegado porque estamos haciendo cosas inadecuadas, que cada cual revise en qué está más metido y que se ponga manos a la obra cambiando hábitos y estilos de vida. En Golden Health Box podemos ayudarte y personalizar tu situación con nuestras consultas de Psiconeuroinmunología clínica.

¡Os esperamos!

 

Fuente: Golden Health Box 

Ese compañero indeseable: la celulitis (primera parte)

Acompaña al más de 85% de las mujeres. Y es un compañero que nadie quiere tener.

Es un problema de cierta complejidad, pero se puede prevenir, ralentizar y en cierta medida revertir, pero es necesario conocer qué es, cómo y porqué aparece y de qué manera nos lo quitamos de encima.

 

En la aparición de la celulitis intervienen múltiples factores, todos ellos modulables, basados en gran medida en los hábitos y estilos de vida. Las hormonas siempre juegan un papel en todo ello, pero hasta en ellas se puede actuar. La genética interviene en todo proceso biológico, pero en este caso juega un papel muy poco importante, es básicamente una cuestión epigenética, esto es: ambiental y como nuestra forma de vida hace que determinados genes se expresen cuando no deberían hacerlo. En nuestro ADN tenemos todo el potencial destructivo para padecer casi cualquier enfermedad, pero nuestra forma de vida, a veces acertada y otras no tanto, hacen que dichos genes no lleguen nunca a expresarse.

La celulitis empieza con un deterioro de la dermis de manera que los capilares y vasos linfáticos se dilaten haciendo que la sangre permanezca más tiempo en ellos aumentando su permeabilidad. Da lugar a edemas en el tejido conjuntivo subcutáneo que poco a poco va modificando el tejido adiposo que existe de forma natural bajo la dermis formando unos islotes que no se distribuyen homogéneamente deteriorando el drenaje linfático acumulándose todos los desechos metabólicos, que de otra manera serían evacuados, tensionando la matriz de tejido conjuntivo formado por colágeno y elastina produciendo su deformación que termina teniendo como resultado esa indeseable “piel de naranja” que incluso puede llegar a doler al producirse la compresión de las terminaciones nerviosas sensitivas. No tiene por qué ser una patología derivada de la obesidad en particular, de hecho, muchas mujeres la padecen estando en normopeso aunque si es cierto que el sobrepeso y la obesidad es un factor con una clara correlación con la existencia de celulitis.

Además, los adipocitos (células del tejido adiposo) tienden a hipertrofiarse y siendo el tejido adiposo un órgano endocrino es capaz de emitir hormonas y crear un ambiente inflamatorio al que acuden nuestras defensas. Estas defensas al no encontrar un enemigo real, ya que no hay ningún tipo de infección, se asientan en la zona creando lo que se denomina una inflamación de bajo grado que sin suponer una respuesta aguda potente que nos genere incapacidad por fiebre, dolor y otra sintomatología si es cierto que produce síntomas más sutiles y un continuo gasto de energía que podría ser utilizada para otras cosas dentro de nuestro quehacer diario.

¿Qué factores intervienen en la aparición de la celulitis? Te lo contaremos en nuestro próximo artículo.

 

Fuente: Golden Health Box

 

 

Los antibióticos no solo son malos para la flora intestinal

El abuso de antibióticos aumenta la resistencia de las bacterias. Además, tiene efectos negativos sobre la flora intestinal e incluso, según un reciente estudio del MIT, puede minar el sistema inmune.

Los antibióticos no solo atacan a las bacterias intestinales patógenas, sino también a las beneficiosas. Por eso, tras un tratamiento, la flora entérica es menos diversa que antes. Además, el restablecimiento completo de la flora puede requerir mucho tiempo. Todos ellos motivos para utilizar antibióticos solo cuando es verdaderamente necesario.

Menos defensas

Hace poco ha aparecido el que quizás sea otro argumento para ser parcos en el uso de antibióticos. Un estudio con ratones del MIT y la Universidad de Harvard ha demostrado que los antibióticos obstaculizan el funcionamiento del sistema inmune de diferentes maneras. Así, estas sustancias pueden reducir en ratones la capacidad de las células inmunes de matar bacterias.

Más aún: los antibióticos pueden proteger a los patógenos bacterianos modificando el entorno bioquímico del agente patógeno. El estudio está publicado en Cell Host & Microbe.

Cambios sistémicos en los metabolitos

Un estudio previo del MIT ya había demostrado que los metabolitos pueden influir en la sensibilidad a los medicamentos de las bacterias. Los metabolitos son pequeñas moléculas que las células liberan como productos intermedios de reacciones metabólicas. En este nuevo estudio, se trató a ratones que sufrían una infección de bacterias E. coli con un antibiótico muy frecuente: el ciprofloxacino.

Los investigadores constataron que el antibiótico causaba modificaciones sistémicas en los metabolitos. Y, al contrario de lo que se esperaba, no por influir en la microbiota, sino por actuar directamente sobre el tejido del ratón. Una investigación más profunda demostró que los metabolitos que liberaban las células del ratón hacían más resistente a E. coli frente al ciprofloxacino.

Además, los antibióticos también debilitaban la función inmunitaria inhibiendo la actividad respiratoria de las células inmunes. Esto hacía que los macrófagos estuvieran en peores condiciones de atacar y fagocitar las bacterias E. coli. Dicho de otro modo: el antibiótico puso en marcha en este estudio toda una serie de cambios que van precisamente en contra de la terapia.

Aún se necesitan más estudios para poder traducir estos hallazgos en terapias para el ser humano pero, debido al aumento de la resistencia, los investigadores consideran extremadamente importante comprender los muchos efectos que un tratamiento puede provocar.

Probióticos

Es aconsejable recomendar siempre una cura con probióticos después de consumir antibióticos para volver a reforzar la flora intestinal. En función de la edad de su cliente y demás condiciones físicas (¿está bien la pared intestinal?, ¿qué tal va la digestión?), hay diferentes formas de probióticos para restablecer la flora intestinal.

Conclusión

Los antibióticos son útiles para ayudar a combatir infecciones bacterianas difíciles. Sin embargo, también vuelven menos diversa la flora intestinal y posiblemente pongan en marcha toda una serie de cambios que van justo en contra de la terapia. En este estudio, los antibióticos protegieron a las bacterias de E. coli modificando el entorno bioquímico, lo cual volvió menos eficaces a las células inmunes de los ratones. Hace falta (y es deseable) más investigación, en vista del aumento de la resistencia frente a los antibióticos.

Fuentes: Natura Foundation

La vitamina D ayuda a reparar los vasos sanguíneos

 

En los últimos años se ha sabido que la vitamina D influye, entre otros, en nuestras defensas, nuestro estado de ánimo, la división celular y el control del dolor. En un reciente estudio, una nueva función ha salido a la luz: la reparación de los vasos sanguíneos.

 

Científicos de la Universidad de Ohio han investigado por primera vez la influencia de la vitamina D sobre las células endoteliales del sistema cardiovascular con ayuda de la nanotecnología. Las células endoteliales
recubren las paredes de nuestro aparato circulatorio. Su hallazgo principal ha sido que la vitamina D puede
reparar los daños en los vasos provocados por la hipertensión, la diabetes y la aterosclerosis.
Además, los científicos han descubierto que la vitamina D es un fuerte estimulante del nitrógeno, una molécula importante a la hora de evitar coágulos en el torrente sanguíneo. Por otra parte, se ha visto que la vitamina D reduce el estrés oxidativo en el sistema cardiovascular y el riesgo de infarto.

Aumento del riesgo de cardiovasculopatías

En un estudio anterior ya se había descubierto que la falta de vitamina D está asociada con el aumento del
riesgo de hipertensión y enfermedades cardiovasculares. Este dato incitó a los investigadores a estudiar con nanotecnología por qué la vitamina D podría ser buena para nuestro aparato circulatorio.
Según ellos, en estos momentos no se conoce prácticamente ningún mecanismo (además de ahora la vitamina D) que pueda reparar las células endoteliales de los vasos sanguíneos. Por tanto, consideran que la vitamina D es una solución muy asequible, ya que no hay que desarrollar ningún costoso medicamento.

¿Cuánta vitamina D necesitamos?

Podemos fabricar la vitamina D nosotros mismos a partir de la luz solar. Es más, con una suficiente exposición al sol la producción endógena es muchas veces mayor de lo que puede ser absorbido a través de la alimentación. No obstante, en los Países Bajos el sol es lo bastante fuerte para producir vitamina D en la piel solo desde mayo hasta septiembre. Las únicas fuentes alimenticias con una cantidad relativamente alta de vitamina D son el pescado azul y el aceite de hígado de bacalao.
La cantidad diaria recomendada en los Países Bajos está basada en el mantenimiento de un valor en sangre de 30 nmol/l de media. Por desgracia, los neerlandeses no lo alcanzamos. Los habitantes de ciudades del norte (no solo de los Países Bajos, sino a nivel mundial) tienen una media de 20 nmol/l. Compárese con la de los cazadores recolectores de cerca del ecuador: estos tienen un nivel en sangre de vitamina D que ronda los 115 nmol/l. En consecuencia, los valores naturales son unas seis veces mayores que los de los urbanitas. Por varios motivos, la terapia ortomolecular recomienda un valor sanguíneo de al menos 80 nmol/l. Ni la CDR ni la suplementación recomendada por el Consejo de Salud de los Países Bajos bastan para alcanzarlo. Hay mucha diferencia en función del cliente, pero las dosis tienen que estar a un mínimo de 45-50 μg diarios para llegar a los 80 nmol/l. La cantidad de vitamina D en la sangre se puede averiguar fácilmente con un análisis hematológico.

¿Vitamina D2 o D3?

La vitamina D existe en diversas formas: de D1 a D5. De estas, solo se suplementan las vitaminas D2 y D3. Es preferible la D3porque esta forma tiene, con mucha diferencia, la mayor capacidad de fijarse a los receptores celulares, por lo que es mucho más efectiva que la D2.

Conclusión:

La vitamina D3 hace mucho más que mantener sanos huesos y dientes. Así, un estudio reciente con
nanotecnología demuestra que la vitamina D desempeña un papel importante en la reparación de las células endoteliales del sistema circulatorio dañadas por enfermedades cardiovasculares. Lamentablemente, el nivel en sangre de vitamina D de las personas que viven en ciudades es por lo general demasiado bajo. Por este motivo, sobre todo en invierno, es muy recomendable la suplementación.

 

Fuente: Natura Foundation

Aliviar los trastornos de ansiedad con GABA.

Un trastorno de ansiedad no es algo que asociemos a primera vista con lo que comemos.

 Y, sin embargo, la dieta y la suplementación pueden marcar una gran diferencia en la reducción o incluso en la prevención de la ansiedad. Sobre todo parece ser importante el GABA.

El ácido gamma-aminobutírico (GABA) es un neurotransmisor de nuestro sistema nervioso central (SNC) que se encuentra en gran parte de nuestro cerebro. Los neurotransmisores son sustancias mensajeras que posibilitan la comunicación entre diferentes células nerviosas (neuronas). Para encontrarnos bien, es importante que haya un equilibrio entre los neurotransmisores excitatorios y los inhibitorios.

Trastornos de ansiedad y GABA

El GABA es el neurotransmisor inhibitorio más importante, y garantiza el equilibrio natural al mantener bajo control los neurotransmisores excitatorios hiperactivos, especialmente el glutamato. Esto reduce la hiperexcitabilidad del SNC y previene afecciones neurológicas y psiquiátricas como los trastornos de ansiedad.

Hablamos de un trastorno de ansiedad cuando alguien siente una angustia que no está en proporción con las circunstancias. Se ha demostrado que el déficit de GABA aumenta considerablemente las probabilidades de desarrollar un trastorno de ansiedad, mientras que, inversamente, una concentración óptima de esta sustancia protege contra la ansiedad.

Conseguir un buen nivel de GABA

Para aliviar los trastornos de ansiedad, se puede alcanzar el nivel deseado de GABA con medicación. Sin embargo, la desventaja de muchos medicamentos, como las benzodiazepinas, es que tienen efectos secundarios indeseados, como pérdida de concentración y somnolencia.

Otra posibilidad es tomar GABA en forma de suplemento alimenticio, lo cual también suele producir resultados positivos sin los efectos secundarios indeseados. Cabe señalar al respecto que aún no está claro cuál es el mecanismo de la influencia positiva de la suplementación. Lo cierto es que (aún) no hay indicios de que el GABA llegue al cerebro, es decir, que atraviese la barrera hematoencefálica. Sobre ello se están realizando muchos estudios.

Fuentes alimentarias

Por supuesto, tampoco debemos olvidarnos de la dieta como proveedor natural de los componentes del GABA. Fabricamos GABA a partir del aminoácido ácido glutámico con ayuda de un cofactor: la vitamina B6 (fosfato de piridoxal). Estos componentes están presentes en un patrón alimenticio sano y variado, con verduras (de hoja) verdes, tomates, habas, habas de soja, cebollas, huevos de corral, frutos secos crudos y semillas.

El neurotransmisor GABA ayuda a reducir los trastornos de ansiedad o incluso a prevenirlos. Si la concentración de GABA en el cerebro es demasiado baja, es preferible usar un suplemento (por la ausencia de efectos secundarios). Además, un patrón alimenticio sano y variado contribuye a tener suficiente GABA en el cerebro.

 

Fuente: Natura Foundation 

 

 

 

 

Vivir junto a un bosque es bueno para la amígdala

En 2050, más del 70% de la población mundial vivirá en ciudades.

¿Pero nos sentimos en ellas como en casa?

Una ciudad no se parece en ningún aspecto a nuestro nicho evolutivo. Un nuevo estudio demuestra que nuestra amígdala siempre prospera mejor en las cercanías de un bosque.

Ansiedad, agresividad, emociones inconscientes: en todas estas vivencias tiene un papel primordial nuestra amígdala. La amígdala conecta nuestras experiencias en el entorno con nuestros sentimientos profundos y las almacena en la memoria a largo plazo, de modo que se puedan evitar más fácilmente en el futuro las experiencias desagradables.

¿Pero qué pasa si este entorno ya no es el que era? ¿Influye (inconscientemente) sobre cómo nos sentimos y sobre dónde queremos y no queremos estar? Investigadores del instituto Max Planck han estudiado estas cuestiones [1].

 

El bosque es mejor para la amígdala

Ya se sabía que hay más probabilidades de sufrir trastornos de ansiedad y estado de ánimo en la ciudad que en el campo [2]. La nueva investigación demuestra que los habitantes de ciudades que están muy cerca de un bosque tienen una amígdala más sana en cuanto a estructura.

Los participantes del estudio procedían del Berlin Aging Study II(BASE-II). En total, en él tomaron parte 341 adultos entre 61 y 82 años. Además de tests de memoria, se hicieron resonancias magnéticas de la amígdala y otras zonas del cerebro implicadas en el procesamiento del estrés. ¿Pero cómo se observó la influencia de un bosque cercano en la amígdala?

Sorprendentemente, no se utilizaron cuestionarios. Lo que se hizo fue enriquecer los datos de las resonancias con información GPS de los domicilios de los participantes. De esta forma quedó claro quién vivía cerca de un bosque y quién no. El resultado fue que las personas que vivían cerca de un bosque tenían una estructura de la amígdala más sana. Una amígdala saludable puede contribuir a una mayor resistencia al estrés y puede reducir el impacto de la ansiedad y otras emociones sobre el individuo.

Algo más que correr por el parque

Aunque se encontró una asociación entre una amígdala sana y vivir cerca de un bosque, no se encontró relación alguna entre la amígdala y las zonas verdes urbanas, los estanques artificiales y los solares sin construir. Darse una vuelta corriendo por el parque puede ser sano, pero es probable que no tenga ningún efecto sobre nuestra amígdala.

Por lo demás, aún no se sabe si se trata de una relación causa-efecto, ya que las personas con una amígdala más sana podrían tener una mayor tendencia a vivir cerca de un bosque, pero los investigadores consideran esto último muy poco probable.

Regulación de la emoción y el estrés

Recientemente se han encontrado más asociaciones entre la vida en la ciudad y el riesgo de desarrollar afecciones mentales. Este estudio fue publicado en Nature. En él se ve que hay dos zonas del cerebro especialmente sensibles a la influencia del entorno urbano. Ambas están implicadas en la regulación de la emoción y el estrés.

En palabras de los investigadores: «Las probabilidades de sufrir trastornos de ansiedad son un 21% mayores entre los urbanitas. Además, tienen un 39% más de probabilidad de tener trastornos del estado de ánimo. Por otra parte, la incidencia de la esquizofrenia es casi el doble de alta cuando las personas han nacido y crecido en la ciudad. El primer paso para solucionar esto es averiguar cómo funciona la biología subyacente».

Un pedacito de nuestro nicho evolutivo

El estudio recalca la importancia de recrear al máximo posible nuestro nicho evolutivo dentro de nuestro entorno actual. No solo por nuestra salud física, sino también para nuestro bienestar psíquico. Si es posible, la vida en (las cercanías de) un bosque es la idónea para reducir el estrés y la ansiedad.

Si no es posible, siempre hay que intentar estar al aire libre con regularidad. Y a este respecto es preferible una larga caminata por el bosque o un fin de semana en una cabaña en el bosque antes que pasar tiempo en zonas verdes de la ciudad.

Fuentes

  • Simone Kühn et al. In search of features that constitute an «enriched environment» in humans: Associations between geographical properties and brain structure, Scientific Reports (2017)
  • http://www.douglas.qc.ca/news/1103?locale=en