La epigenética de la adicción

¿Por qué la gente suele volver a caer en hábitos malsanos? ¿Por qué es tan grande el riesgo de recaída tras la abstinencia de una sustancia adictiva? Una investigación de Neuron demuestra que tanto el núcleo accumbens como la epigenética y el entorno desempeñan un importante papel.

Una adicción es una tendencia irrefrenable a buscar estímulos que recompensen o calmen, sin importar las
consecuencias negativas que esto pueda acarrear. Tras un contacto repetido con el codiciado estímulo,
disminuye la sensibilidad a él y aumenta la conducta de búsqueda. Cuando se consigue controlar este proceso,
generalmente el paciente vuelve a caer repetidas veces en los viejos patrones. ¿Por qué sucede así?
El riesgo más importante para la recaída lo representan los factores ambientales (sociales) negativos. Los
investigadores de la Medical University of South Carolina (EE. UU.) constataron el fenómeno de que los adictos
construyen fuertes asociaciones con el entorno (social) en el que fue consumido el producto por primera vez .
En este entorno parece aumentar considerablemente el riesgo de recaída.

Enzima epigenética HDAC5

Para poder obtener una dosis de cocaína, las ratas tenían que accionar una palanca. Cada vez que ocurría, se
oía un sonido y se encendía una luz. El objetivo de esto era que las ratas establecieran fácilmente una relación
entre el consumo de cocaína y el entorno. A continuación, se administró a las ratas la enzima epigenética
HDAC5. Esta enzima está implicada en la transcripción de genes que posiblemente influyan en la adicción.
Tuvo poco resultado: las ratas seguían pulsando la palanca con la misma frecuencia que antes. Una semana
después, se sometió a las ratas a otro experimento: fueron colocadas en el entorno de ensayo con la palanca,
mientras se encendía la luz y se emitía el sonido, lo cual debía reactivar su respuesta condicionada.
En efecto, los animales de control activaron la palanca con la misma frecuencia. En ellos, por tanto, la asociación
entre el entorno y la administración de cocaína seguía estando en pie. Esto no fue así con los animales que
recibieron HDAC5. La enzima epigenética hizo que se debilitara el vínculo entre el consumo del producto y los
señalizadores del entorno. Conclusión: a través de un mecanismo epigenético, el entorno condiciona que haya o
no recaída, al menos en parte.
¿Existe también esta relación en los seres humanos?
Aunque esta asociación no está demostrada en humanos, las personas sí que comparten con roedores y otros
mamíferos similares rutas enzimáticas y estructuras cerebrales. También es sabido que los adictos reaccionan
claramente a las señales del entorno. Además, tanto en roedores como en humanos, el núcleo accumbens, que
forma parte del sistema de recompensa, contiene gran cantidad de enzima HDAC5, que puede disminuir por
diversas razones.
Por tanto, hay muchos parecidos. ¿Pero por qué somos tan vulnerables a las adicciones?

Sistema de recompensa dopaminérgico

El sistema de recompensa dopaminérgico hace que seamos recompensados, por ejemplo, por buscar comida,
tener relaciones sexuales y hacer planes de futuro, pues esto aumenta las probabilidades de sobrevivir y
reproducirnos. De modo que el sistema tiene una clara función adaptativa. Sin embargo, cuando la recompensa
es activada por una sustancia adictiva, el resultado final es un comportamiento no adaptativo.
Los productos adictivos suelen proporcionar un estímulo de recompensa mayor que buscar comida o practicar el
sexo. Además, se necesita poco esfuerzo para obtener una recompensa. En consecuencia, aumenta el interés
por la sustancia en detrimento de la conducta adaptativa. Con el tiempo se produce habituación, que hace que el
producto se deba consumir más y más para lograr un efecto parecido. La sustancia condiciona cada vez más la
vida del usuario y su entorno social, y su supervivencia está en juego.
La influencia del entorno y la epigenética podría ser mayor de lo que pensábamos hasta ahora. A este respecto,
es interesante considerar nuestro entorno natural. ¿En él la adicción también es un problema?

El ser humano en su entorno natural

También en la naturaleza existen muchas sustancias psicotrópicas que pueden causar adicción o dependencia.
Tómense por ejemplo las bayas o manzanas fermentadas que a veces comen los alces (y, sin duda, también los
simios antropomorfos). Aunque los alces siguen comiendo hasta emborracharse, a esto no se le puede llamar
adicción, ya que el alce deja de comer manzanas cuando pasa el periodo de crecimiento.
El ser humano ya no tiene esta limitación. En nuestro entorno actual, el alcohol es una sustancia adictiva legal.
Posee una función social y está disponible todo el año. Son estos factores ambientales creados por nosotros
mismos los que propician la adicción. También hay disponibilidad crónica de otras sustancias adictivas, pero para
obtener las más duras sí que hay que esforzarse más.

Desajuste evolutivo

La disponibilidad y el entorno social son mecanismos de acción proximales, pero el definitivo se encuentra en
nuestra base evolutiva. En último término, se puede considerar la adicción a sustancias un desajuste evolutivo que ejerce un efecto negativo sobre nuestra epigenética. En este aspecto, es comparable a nuestro patrón
alimenticio actual, que no concuerda con lo que comíamos en la naturaleza, tampoco en frecuencia o cantidad.
Esto también influye en nuestros mecanismos epigenéticos.
¿Cuál es la estrategia basada en la evolución para evitar la recaída? Proporcionar un entorno con la menor
cantidad posible de señales que puedan provocarla. De esta forma, el mecanismo epigenético no puede fallar.
Esto es aplicable no solo a la abstinencia de la cocaína, la heroína, la nicotina y el alcohol, sino también a otras
sustancias menos adictivas, como las exorfinas (opioides) procedentes de la degradación incompleta de
proteínas ricas en prolina presentes, por ejemplo, en el pan (gluten) y el queso (caseína). La razón es que, a fin
de cuentas, también en este caso todo gira en torno a un desajuste evolutivo.

Fuente: Natura Foundation.

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